La crisis mundial provocada por los opioides sintéticos podría estar entrando en una nueva etapa. Mientras el fentanilo continúa representando uno de los principales problemas de salud pública, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ha puesto la mirada sobre una sustancia conocida como ISO, cuyo nombre es isotonitazeno.
En un reporte publicado en agosto de 2026, Naciones Unidas señaló que esta sustancia debe mantenerse bajo vigilancia debido a que representa una grave amenaza para la salud pública. Aunque el isotonitazeno fue desarrollado hace décadas, comenzó a detectarse en el mercado ilegal a partir de 2019 y desde entonces su presencia ha aumentado en distintos países.
¿Cuál es la diferencia entre ISO y fentanilo?
Aunque ambas sustancias pertenecen al grupo de los opioides sintéticos, su estructura química es diferente. El ISO pertenece a la familia de los benzimidazoles, mientras que el fentanilo forma parte de los opioides sintéticos derivados de las fenilpiperidinas.
Una de las principales preocupaciones está relacionada con su potencia. De acuerdo con información de la ONU, el isotonitazeno puede ser entre cinco y nueve veces más potente que el fentanilo, aunque la potencia puede variar y existen distintas sustancias relacionadas que continúan apareciendo en el mercado ilegal.
Otra diferencia está en su distribución geográfica. Mientras el fentanilo tiene una fuerte presencia en América del Norte, las autoridades internacionales han observado un crecimiento de los nitazenos, incluido el ISO, principalmente en Europa.
¿Cómo se presenta el ISO?
El isotonitazeno es un opioide sintético que puede encontrarse en el mercado ilegal en diferentes presentaciones, entre ellas polvo, tabletas falsificadas y aerosoles nasales. Su consumo puede producir efectos analgésicos y euforia, pero también puede generar una fuerte dependencia.
La principal alerta es que una dosis excesiva puede provocar una sobredosis mortal, debido a que los opioides sintéticos pueden afectar gravemente la respiración. Además, la aparición de nuevas variantes dificulta que las autoridades puedan identificar y controlar rápidamente estas sustancias.
Ante su expansión, la ONU mantiene bajo vigilancia al ISO y otros opioides sintéticos emergentes, debido al riesgo de que terminen reproduciendo o incluso agravando algunos de los efectos de la crisis mundial relacionada con el fentanilo.