La fama del 666 proviene del libro del Apocalipsis, el último texto del Nuevo Testamento, atribuido a Juan de Patmos. En el capítulo 13 aparece un versículo que menciona: "El que tenga entendimiento, calcule el número de la bestia, porque es número de hombre; y su número es 666". A partir de este pasaje, la cifra comenzó a relacionarse con el mal, el anticristo y las representaciones demoníacas dentro de la tradición cristiana.
Sin embargo, diversos especialistas sostienen que el significado original podría ser muy distinto. Una de las teorías más aceptadas señala que Juan de Patmos utilizó un código numérico para referirse al emperador romano Nerón César, conocido por la persecución de cristianos durante el siglo I. En los alfabetos hebreo y griego, cada letra posee un valor numérico, y al sumar las letras del nombre "Nerón César" escrito en hebreo (NRON QSR), el resultado es precisamente 666.
Para algunos académicos, el autor del Apocalipsis no buscaba predecir acontecimientos futuros ni describir literalmente al diablo, sino lanzar una crítica al Imperio romano mediante símbolos comprensibles para los creyentes de la época. Aun así, con el paso de los siglos, el número fue adquiriendo una connotación sobrenatural que trascendió la religión y se instaló en la cultura popular.
Actualmente, el 666 sigue siendo uno de los símbolos más reconocidos del mundo, presente en películas, libros, teorías conspirativas y referencias al ocultismo. Aunque su origen podría estar ligado a un personaje histórico, para millones de personas continúa siendo el llamado "número de la bestia", una cifra rodeada de misterio, superstición y fascinación.
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