Cada año, miles de peregrinos llegan a la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México, para agradecer a la Virgen por algún favor recibido, pedir por sus familias o encomendarle alguna petición. Entre las muestras de fe más comunes está encender una veladora y dejarla en el recinto.
Sin embargo, muchas personas desconocen qué sucede con estas ofrendas después de que se retiran del lugar y por qué las velas permanecen encendidas durante poco tiempo.
La cera se aprovecha para elaborar cirios
Las veladoras que dejan los visitantes son retiradas por trabajadores de la Basílica, quienes las colocan en contenedores para recuperar la cera sobrante.
En el recinto hay señalamientos que explican el destino de este material con el mensaje: “La cera sobrante de tu veladora se usará para los cirios del altar”.
De esta manera, los restos de cera pueden aprovecharse para elaborar nuevos cirios y veladoras, lo que permite darles un segundo uso en lugar de desecharlos.
¿Qué pasa con los vasos de vidrio?
Las veladoras también dejan recipientes de vidrio que pueden ser aprovechados después de su retiro.
De acuerdo con la información difundida sobre esta práctica, los vasos pueden comercializarse con comerciantes de los alrededores de la Basílica, quienes tienen la posibilidad de darles otro uso.
Así, tanto la cera como los recipientes pueden reincorporarse a otros procesos, aunque su destino depende del manejo que se les dé después de recolectarlos.
¿Por qué los peregrinos dejan veladoras?
Para muchos fieles, encender una veladora representa una forma de expresar su fe, agradecer por un favor recibido o mantener presente una oración por sus seres queridos.
La tradición forma parte de las visitas de miles de personas que llegan al recinto desde distintos puntos de México y otros países.
A 50 años de la inauguración de la Nueva Basílica de Guadalupe, esta costumbre continúa presente entre los peregrinos, mientras que la recuperación de la cera y el posible aprovechamiento de los recipientes permiten dar un segundo uso a los materiales que quedan después de sus ofrendas.