Los huracanes se forman sobre aguas tropicales o subtropicales cuando coinciden varias condiciones. De acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), generalmente comienzan como una perturbación o una onda tropical acompañada de tormentas. Para que puedan fortalecerse necesitan agua del océano de al menos 26.5 grados Celsius, suficiente humedad y poca cizalladura del viento, es decir, que los vientos no cambien demasiado de velocidad o dirección con la altura.
Cuando el agua cálida provoca que el aire húmedo ascienda, se genera una zona de baja presión. El aire de los alrededores comienza a desplazarse hacia esa zona y, al subir y enfriarse, forma nubes y tormentas. El proceso libera calor, lo que proporciona más energía al sistema y puede hacer que la circulación se organice y aumente su velocidad. Cuando los vientos sostenidos alcanzan al menos 119 kilómetros por hora, el sistema es clasificado como huracán.
En el caso del huracán Polo, durante la mañana de este sábado 26 de septiembre el Centro Nacional de Huracanes informó que se encontraba como categoría 5, con vientos máximos sostenidos de 260 kilómetros por hora, mientras avanzaba hacia el oeste-noroeste sobre el Pacífico. El organismo prevé que el sistema cambie gradualmente de dirección y se aproxime a Baja California Sur durante los próximos días.
El reporte del Servicio Meteorológico Nacional difundido este sábado ubicó posteriormente a Polo como categoría 4, al suroeste de la península de Baja California, y señaló que su circulación mantiene efectos en el territorio mexicano, principalmente con lluvias, viento y oleaje elevado. En Michoacán, aunque el centro del huracán ya se encuentra alejado de la costa, persisten condiciones de lluvia y mar elevado asociadas a su circulación.












