La ciudad de Morelia, famosa por su cantera rosa y su imponente arquitectura colonial, también guarda entre sus calles antiguas relatos llenos de misterio que han pasado de generación en generación.
Muchas de estas historias surgieron durante la época en la que la capital michoacana aún era conocida como Valladolid, antes de la Independencia de México. Entre túneles secretos, amores imposibles y apariciones fantasmales, las leyendas morelianas siguen causando curiosidad y escalofríos entre quienes las escuchan.
La cueva de la colonia Independencia
Entre las décadas de los 70 y 80, habitantes de la colonia Independencia hablaban sobre una misteriosa cueva ubicada donde actualmente existe un kínder.
La leyenda asegura que aquella cueva formaba parte de los túneles subterráneos construidos durante la época de la Independencia, mismos que conectaban distintos templos con la Catedral de Morelia.
Dentro del túnel habitaba una enorme víbora que, según el relato, en realidad era una princesa hechizada por su propio padre para proteger un gran tesoro escondido.
Los vecinos contaban que quien lograra cargar a la serpiente sobre sus hombros hasta la Catedral, sin voltear a verla, rompería el hechizo, podría casarse con la princesa y quedarse con la fortuna.
Sin embargo, si la persona caía en la tentación de mirar a la criatura durante el recorrido, perdía la razón del terror.
El Sacristán de Catedral
Otra de las leyendas más conocidas ocurre en la Catedral de Morelia y habla de un amor imposible.
La historia cuenta que doña Martha, sobrina del Virrey, llegó a Valladolid buscando mejorar su salud gracias al clima de la ciudad. Su belleza y generosidad cautivaron rápidamente a Pedro González, sacristán de la Catedral.
Aunque Pedro se sentía inferior por su posición social, decidió confesarle su amor mediante una carta escondida en el devocionario de la joven. Con el tiempo, ambos comenzaron a encontrarse en secreto en la Capilla de las Ánimas.
Sin embargo, su romance era mal visto por las diferencias sociales. Doña Martha viajó a España con la intención de conseguir un título nobiliario para Pedro y así poder casarse con él.
Meses después, el sacristán recibió la noticia de que la joven había muerto durante el viaje. Aunque el Rey le otorgó el cargo de intendente de Nueva Galicia, Pedro rechazó el nombramiento y pasó sus días llorando en la capilla.
Los habitantes aseguran que durante la víspera de Noche de Muertos todavía puede verse la sombra del sacristán lamentándose por la pérdida de su amada.
La mano en la reja
Una de las historias más trágicas de Morelia ocurre en la antigua Casa Rosa, edificio que actualmente alberga el Centro Cultural de la UNAM Morelia.
Ahí vivía Leonor junto a su padre, don Juan Núñez, y su madrastra, doña Margarita, una mujer cruel que la mantenía encerrada realizando labores domésticas.
Durante una de sus escapadas para ayudar a personas enfermas cerca del Santuario de Guadalupe, Leonor conoció a Manrique, un joven que quedó profundamente enamorado de ella.
Ambos comenzaron a verse por las noches junto a la reja de la habitación donde la joven permanecía confinada. Para evitar sospechas, Manrique ordenaba a su paje disfrazarse de fraile y recorrer la calzada con apariencia fantasmal para espantar curiosos.
Cuando don Juan negó el matrimonio, Manrique viajó a la Ciudad de México para pedir autorización al Virrey. Mientras tanto, doña Margarita castigó brutalmente a Leonor, dejándola encerrada y sin comida.
La joven sobrevivía pidiendo pedazos de pan a través de la reja de su ventana, hasta que finalmente murió antes del regreso de su amado.
Se dice que, después de la medianoche, todavía puede verse una mano fantasmal salir entre las rejas de la Casa Rosa, pidiendo alimento a quienes pasan por la antigua calzada de San Diego.
