En una misión histórica frente a las costas de Alaska, una científica argentina lideró un equipo de exploración que alcanzó profundidades de casi 5,000 metros. El descenso, realizado en tecnología de vanguardia, resultó en el descubrimiento de una medusa gigante, una especie única adaptada a las presiones extremas del abismo marino.
Este logro no solo representa un avance significativo en la biología marina, sino que posiciona a la ciencia regional en la vanguardia de la exploración de las zonas más recónditas y menos comprendidas de nuestro océano.