El curioso drama infantil se desencadenó en un destino playero de México, donde el pequeño Pedro pasó del chapuzón al susto luego de que un diminuto cangrejo decidiera, sin pedir permiso a nadie, tomar su oreja como si fuera un departamento de playa recién rentado.
Acompañado de su madre Kitzia, el asustado pequeño terminó en el consultorio donde, entre lágrimas y la divertidísima pregunta de si “se iba a quedar ciego”, aguardó paciente mientras le lograron sacar al animalito con facilidad.