Solovino llegó solo a una gasolinera de Toluca, sin imaginar que ese lugar se convertiría en su hogar y que, entre bombas de gasolina y trabajadores, encontraría a la familia que tanto necesitaba.
El perrito comenzó a permanecer en el establecimiento y, poco a poco, los trabajadores decidieron adoptarlo. Le dieron comida, cuidados, una cama y hasta un pequeño uniforme, convirtiéndolo en uno de los integrantes más queridos del lugar.
Con el paso de los meses, Solovino se ganó el cariño de clientes y compañeros, quienes lo conocían como el famoso “perrito despachador” de la gasolinera.
Sin embargo, su historia tuvo un triste desenlace. La noche del pasado 17 de agosto, Solovino fue atropellado y, debido a las lesiones que sufrió, perdió la vida.
De acuerdo con lo difundido, el conductor del vehículo habría escapado del lugar tras el accidente, lo que generó indignación y llamados para que se investigue lo ocurrido.
Ahora, las cenizas de Solovino permanecen en la gasolinera donde alguna vez encontró una familia, el mismo lugar que durante meses fue su hogar y donde se convirtió en un compañero especial para quienes trabajaban ahí.
Su historia deja un mensaje que va más allá de la tristeza: adoptar puede cambiar por completo la vida de un animal que solo busca un lugar al cual pertenecer.