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El nostálgico sonido de los organilleros resiste al paso del tiempo; en Morelia aún pueden escucharse

En México sobreviven menos de 500 organillos

organilleros
|Dr. Gustavo Martínez Alcaraz

El sonido del organillo sigue siendo uno de los más característicos de las calles mexicanas. Aunque cada vez es menos frecuente encontrarlos, estos músicos ambulantes conservan una tradición con más de un siglo de historia que aún puede apreciarse, de manera ocasional, en el Centro Histórico de Morelia.

De acuerdo con una crónica del historiador Gustavo Martínez Alcaraz, los primeros organillos llegaron a México a mediados del siglo XIX procedentes de Alemania. Fueron importados por la firma Casa Wagner & Levien, que inicialmente los alquilaba para amenizar fiestas, funciones de teatro y espectáculos de circo.

Con el paso del tiempo, los propietarios descubrieron que estos instrumentos tenían mayor éxito en las calles, por lo que comenzaron a venderlos a músicos que adoptaron el oficio de organillero.

Originalmente interpretaban valses vieneses, pero con el paso de los años su repertorio se adaptó al gusto nacional e incorporó melodías como La Adelita, La Rielera, La Cucaracha y posteriormente diversos boleros.

Según la crónica, el oficio ha pasado de generación en generación y actualmente se estima que en México sobreviven menos de 500 organillos. Su permanencia enfrenta diversos desafíos, entre ellos los cambios en los hábitos de la población y el menor interés por este tipo de expresiones culturales.

Otra de las particularidades de los organilleros es su uniforme de estilo militar. De acuerdo con la tradición, este atuendo recuerda a los músicos que acompañaban a las tropas villistas durante la Revolución Mexicana para animar a los soldados.

En Morelia, su presencia no es permanente. Gustavo Martínez Alcaraz señala que los organilleros suelen aparecer de manera itinerante, principalmente sobre la avenida Madero y en los portales Allende y Aldama, donde todavía sorprenden a turistas y habitantes con sus melodías.

Para el cronista, apoyar a los organilleros con una cooperación representa una forma de contribuir a la preservación de una tradición que forma parte del patrimonio cultural y de la memoria sonora de las ciudades mexicanas.

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