El avance del huracán Polo comenzó a generar estragos directos sobre la infraestructura comercial de la franja marítima debido al progresivo e intenso aumento en el oleaje.
Las marejadas sobrepasaron los límites de la zona de playa en el estado de Colima, alcanzando las áreas de enramadas, restaurantes y pequeños establecimientos situados a pocos metros del mar.
El agua comenzó a anegar los pisos de los locales, obligando a los propietarios y trabajadores a retirar apresuradamente mesas, sillas y equipos de cocina para evitar pérdidas económicas mayores.