Una intensa manifestación de actividad geológica volvió a registrarse tras la emisión súbita de material incandescente y piroclástico hacia la atmósfera.
El fenómeno ocurrió en el coloso de Sakurajima, ubicado en la isla de Kyūshū, dentro de la prefectura de Kagoshima en Japón, donde se detectó una moderada pero constante columna de cenizas y gases de gran elevación sobre el cráter principal.
La propagación de la nube volcánica motivó el despliegue de protocolos de monitoreo permanente ante el riesgo potencial de caída de fino material sobre asentamientos urbanos cercanos y las posibles afectaciones a la navegación aérea regional.
El semáforo volcánico se mantiene posicionado en Nivel de Alerta III, mientras se vigila el comportamiento del flujo magmático para prevenir cualquier eventualidad en el perímetro de exclusión.