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Envenenan cientos de miles de abejas; apicultores denuncian ecocidio

Los productores advierten que la muerte de las abejas también pone en riesgo la polinización de cultivos y plantas silvestres.

Crédito: Climática

Cientos de miles de abejas han muerto por presunto envenenamiento en los municipios de León y San Felipe, Guanajuato, situación que fue denunciada por apicultores, quienes exigen investigar los ataques contra sus colmenas y frenar las afectaciones ambientales.

De acuerdo con la Asociación Ganadera Especializada en Abejas, durante los últimos cuatro meses se han registrado al menos seis casos de envenenamiento en distintas zonas de la entidad, entre ellas los límites de Santa Ana y Arciniega, en León, así como la comunidad de El Jagüey, en San Felipe.

Un apicultor de la asociación relató que tenía 100 colmenas en la zona de Santa Ana, las cuales fueron envenenadas. Explicó que, por las características de los daños, presuntamente alguien arrojó algún líquido sobre los cajones, pues no encontraron rastros de polvo, sino una sustancia con apariencia de químicos.

Además, señaló que presentó una denuncia ante el Ministerio Público; sin embargo, dos meses y medio después otro productor perdió otras 100 colmenas y, aproximadamente un mes y medio más tarde, se registró un nuevo caso en El Jagüey. En uno de los apiarios rumbo a Santa Ana, las afectaciones alcanzaron 115 cajones de abejas.

Además de las consecuencias ambientales, los ataques representan pérdidas económicas importantes, pues cada 100 colmenas equivalen a un daño aproximado de 400 mil pesos. No obstante, los productores advierten que el impacto va más allá del dinero, debido a la función que cumplen estos insectos en la polinización de cultivos y flora silvestre.

Ante esta situación, los apicultores informaron que, además de las denuncias presentadas ante el Ministerio Público, también notificaron los hechos a la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), con la finalidad de que se investiguen las muertes masivas y se atienda el problema.

La preocupación de los productores se centra no solamente en la pérdida de sus colmenas y fuentes de ingresos, sino también en las consecuencias que el envenenamiento de estos polinizadores puede generar para los ecosistemas y la producción de alimentos.

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