Desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República, pocas veces se le vio participar en escenarios donde pudiera enfrentar manifestaciones abiertas de inconformidad. Uno de los episodios más señalados ocurrió tras el paso del devastador huracán Otis por Acapulco, cuando diversos sectores cuestionaron la falta de contacto directo del mandatario con parte de la población afectada durante los momentos más críticos de la emergencia.
En aquel contexto, las decisiones del entonces presidente fueron justificadas en diversas ocasiones bajo el argumento de preservar la investidura presidencial y mantener las condiciones de seguridad necesarias para el desarrollo de sus actividades. No obstante, sus detractores consideraron que la situación requería una mayor cercanía con los damnificados y una presencia más visible en las zonas afectadas.
Ahora, el tema vuelve a generar conversación pública luego de que trascendiera que la presidenta de México no asistirá a la próxima inauguración de un estadio que se espera registre un lleno total. La decisión ha sido interpretada por algunos como una medida preventiva para evitar un escenario de posibles manifestaciones, mientras que otros consideran que responde a razones de agenda o seguridad. En cualquier caso, el debate sobre la relación entre los gobernantes y los espacios públicos sigue vigente.